La producción surrealista se caracterizó por la exaltación de los procesos oníricos, el humor corrosivo y el erotismo, concebido todo ello como armas de lucha contra la tradición, la moral y la cultura burguesa.
La primera exposición surrealista se celebró en París en 1925, y en ella además de Arp, De Chirico y Ernst, también colgaron sus obras Picasso, Tanguy, Miró y Klee, que más tarde se separarían del movimiento o mantendrían cierta vinculación con algunos de sus principios. Algunos años después se unieron al movimiento artistas como Dalí y Buñuel, entre otros.
Los objetos y formas son despejados de su significación tradicional (principio de la "desorientación"), el observador queda desorientado, sin saber a qué atenerse, la creación de imágenes equívocas de manera que una misma cosa puede ser interpretada de varias maneras (principio de la "discordancia"), por ejemplo, una nube puede parecer la cabeza de un animal o bien otra cosa.
El surrealismo da importancia a lo paradójico, lo absurdo, la caducidad, la destrucción y lo misterioso.
Además de lo onírico, representación de toda clase de simbologías, especialmente eróticas y sexuales. Toca todos los estilos: clásico, barroco, ingenuismo, futurismo, etc.
Utilización del claroscuro y del color modelado.
Invención de nuevos métodos y ténicas: pintura automática, frottage y grattage.
En imágenes ejemplos de Magritte
















